Hoja parroquial n 281
Evangelio y Lecturas del Sábado de la IV Semana de Pascua. San Atanasio
Primera Lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (13,44-52):
El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra del Señor. Al ver el gentío, los judíos se llenaron de envidia y respondían con blasfemias a las palabras de Pablo. Entonces Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía:
«Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra”».
Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y creyeron los que estaban destinados a la vida eterna.
La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas, adoradoras de Dios, y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron de su territorio.
Estos sacudieron el polvo de los pies contra ellos y se fueron a Iconio. Los discípulos, por su parte, quedaban llenos de alegría y de Espíritu Santo.
Palabra de Dios
Salmo
Sal 97,1-2ab.2cd.3ab.3cd-4
R/. Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.
El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (14,7-14):
«Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».
Palabra del Señor
Hoy celebramos a San Atanasio, enviado al exilio por defender la verdad sobre Cristo
Cada 2
de mayo recordamos a San Atanasio de Alejandría, padre de la Iglesia de Oriente y doctor de la Iglesia, obispo de los siglos III y IV, defensor de las doctrinas de la Trinidad y la Encarnación del Verbo.
Atanasio fue obispo de Alejandría (Egipto), ciudad donde nació y creció. Fue una de las figuras más importantes de los primeros siglos del cristianismo gracias a su defensa de la ortodoxia contra el arrianismo, una de las más potentes herejías de la antigüedad. Precisamente por su fidelidad a la doctrina fue víctima de la persecución y padeció el exilio en repetidas oportunidades. A pesar de ello, jamás desistió de proclamar a Cristo ni se apartó de la Iglesia.
San Atanasio fue Patriarca de Alejandría entre los años 328 y 373, año de su fallecimiento.
Defensor de la Encarnación
Atanasio nació en Alejandría el año 295, y desde niño tuvo noticia de las sangrientas persecuciones emprendidas por el Imperio romano contra los cristianos. En el año 326 fue ordenado sacerdote por el Obispo Alejandro, a quien sirvió como secretario. Tuvo una elevada formación en filosofía, gramática y teología. Dominaba el griego en sus distintas variantes, así como el copto. Desde joven demostró talento para escribir -don que supo utilizar después como teólogo y pastor de almas-. Sus dos primeros escritos fueron Contra los paganos y la Encarnación del Verbo.
Con todo, lo que hizo célebre a Atanasio fue la controversia que libró contra los “arrianos” o “arrianistas”. Esta doctrina calificada de herética tuvo por autor a Arrio, presbítero del norte de Alejandría, quien sostenía que Cristo no era verdadero Dios sino una creatura, excepcional, por supuesto, verdadero hijo de Dios Padre, también, pero de ninguna manera eterno (no consubstancial con él). Una postura de este tipo tiene consecuencias terribles para la comprensión de Dios, Uno y Trino, y para la comprensión de la obra salvífica de Dios.
Contra la herejía
El obispo de Alejandría por aquellos días, Alejandro, llevó consigo a Atanasio para que participara con él en el Concilio Ecuménico de Nicea, con el propósito de combatir a los partidarios de Arrio y pedirle a este una retractación. Aunque al principio Atanasio jugó un papel secundario en el Concilio, su elocuencia lo llevó presentar una refutación pública de los argumentos de Arrio, quien no se retractaría y por ello sería excomulgado.
Atanasio envió numerosas cartas a los obispos de Oriente en las que advertía del peligro que suponía tergiversar la doctrina sobre Cristo, advirtiendo, además, que asumir las posiciones heréticas devendría en la excomunión del que profese o defienda la herejía.
Mientras tanto, la controversia en Alejandría llegó a oídos del emperador Constantino, quien decidió poner fin al debate enviando un conciliador. Lamentablemente, la polémica se había extendido ya por casi todo el oriente cristiano y las medidas de Constantino no dieron mayor resultado. El emperador sabía que esta controversia debía ser resuelta prontamente e impedida su difusión en Occidente -se sabía que era un peligro potencial para la estabilidad y unidad tanto del Imperio como de la Iglesia-.
A la muerte del Obispo Alejandro, Atanasio, por aclamación, fue elegido como su sucesor. Desde ese momento, el santo fue reconocido como defensor de la fe verdadera, algo que quedó en evidencia por su participación en el Concilio de Nicea. Simultáneamente, se fue convirtiendo en el gran enemigo de los herejes, quienes aún tenían poder e influencia, especialmente entre figuras políticas y algunos obispos. Los arrianistas no cesaron de hostilizar a Atanasio hasta que lograron que fuera desterrado de Alejandría.
El sucesor del trono imperial, Constancio II (hijo del emperador Constantino), estaba bajo la influencia del obispo arriano Eusebio de Nicomedia. Por su lado, Atanasio ya era blanco habitual de los ataques provenientes de los círculos políticos.
El exilio
En el año 356, cinco mil soldados rodearon el templo donde vivía San Atanasio con el propósito de arrestarlo. El obispo logró escapar y huyó al desierto donde fue acogido por monjes anacoretas. Desde el destierro siguió escribiendo a los fieles de Alejandría y redactó la biografía de San Antonio Abad, su amigo y compañero.
En el año 362 el nuevo emperador, Juliano el Apóstata, emitió un edicto en el que pedía el regreso de todos los obispos exiliados. Sin embargo, los consejeros de Juliano percibían a Atanasio como un hombre peligroso y lograron que el emperador lo enviara de nuevo al destierro. El santo se escondió en el desierto hasta que Juliano murió. Entonces, volvió a Alejandría por mandato del nuevo monarca, Valente.
El santo volvería a ser enviado al exilio el año 365. Pese a estas tribulaciones, Atanasio se mantuvo firme en la doctrina y su enseñanza. Su regreso definitivo a Alejandría se produjo por aclamación popular, ya que la ciudad lo reclamó siempre como su verdadero obispo.
San Atanasio murió el 2 de mayo del año 373, luego de haber servido como obispo durante 45 años, y tras haber pasado, en total, 18 años lejos de su tierra y de su sede.
…
Si quieres saber más sobre San Atanasio, puedes leer este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Atanasio.
Texto tomado des Aciprensa
Evangelio y Lecturas del Viernes de la IV Semana de Pascua. San José Obrero Protector de los trabajadores
Primera Lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (13,26-33):
En aquellos días, cuando llegó Pablo a Antioquía de Pisidia, decía en la sinagoga:
«Hermanos, hijos del linaje de Abrahán y todos vosotros los que teméis a Dios: a nosotros se nos ha enviado esta palabra de salvación. En efecto, los habitantes de Jerusalén y sus autoridades no reconocieron a Jesús ni entendieron las palabras de los profetas que se leen los sábados, pero las cumplieron al condenarlo. Y, aunque no encontraron nada que mereciera la muerte, le pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar. Y, cuando cumplieron todo lo que estaba escrito de él, lo bajaron del madero y lo enterraron. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. Durante muchos días, se apareció a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo. También nosotros os anunciamos la Buena Noticia de que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús. Así está escrito en el salmo segundo:
“Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy”».
Palabra de Dios
Salmo
Sal 2,6-7.8-9.10-11
R/. Tu eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy
«Yo mismo he establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo».
Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres mi Hijo:
yo te he engendrado hoy. R/.
Pídemelo:
te daré en herencia las naciones,
en posesión, los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás como jarro de loza». R/.
Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad, los que regís la tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje temblando. R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (14,1-6):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».
Palabra del Señor
San José Obrero Esposo de la B. V. María, protector de los trabajadores.
1 de mayo
Además de ser el padre adoptivo de Jesús y el esposo de María, – como enseñan los Evangelios – san José era herrero, artesano y carpintero. Con su vida de honesto trabajador, san José ennoblece el trabajo manual con el que mantiene a su Santa Familia y participa en el proyecto de salvación.
José, el «Justo»
En el lenguaje bíblico de las Escrituras, se usa el apelativo de «Justo» (Mt 1,19) para denominar a todo aquel que ama y respeta la Ley como una expresión de la voluntad de Dios. José lo hace. Descendiente de la Casa de David, es un hombre no anciano que está comprometido con María. (Mt 1,18) Y, como su esposa dijo «sí» a un ángel, (Lc 1,38) también él dirá su «sí» a otro ángel que lo visitará en un sueño para tranquilizarlo sobre el origen del embarazo de María, como fruto del Espíritu Santo. (Mt 1,20) Su característica es la discreciòn y el silencio que lo hacen evitar protagonismos. Cuando Jesús comienza su vida pública, en las bodas de Caná, (Jn 2 1-12) los Evangelios ya no lo mencionan: probablemente murió, pero no sabemos ni cuándo ni dónde. Mucho menos se sabe donde habría sido sepultado.
El trabajo: participación en el plan divino
Del mismo modo que los padres enseñan su oficio a sus hijos, también José lo hizo con Jesús. Por eso, a Jesús se le llama a menudo en los Evangelios «el hijo del carpintero». (Mt 13,55) Más que ningún otro, San José representa la dignidad del trabajo humano, que es el deber y la perfección del hombre, que ejerce su dominio sobre la Creación, prolonga la obra del Creador, ofrece su servicio a la comunidad y contribuye al plan de salvación. José ama su trabajo. Como hombre de fe, supera el cansancio y lo eleva a la práctica de la virtud; como no aspira a la riqueza y no envidia a los ricos, siempre conserva la paz: el trabajo para él no es un medio de satisfacer la ambición, sino sólo un medio de sustento para su familia. En fin, como se prescribe a los judíos, el sábado observa el descanso semanal y participa en las celebraciones (religiosas). (Lc 2,22-28; 41-50).
La fiesta de San José Obrero
Fue establecida oficialmente por Pío XII el Primero de mayo de 1955 para ayudar a los trabajadores a no perder el sentido cristiano del trabajo. Precedentemente, (el 8 de diciembre de 1870), Pío IX ya había reconocido de alguna manera la importancia de San José como trabajador cuando lo proclamó Patrono de la Iglesia universal. (Hace justamente 150 años). El principio del trabajo como medio de salvación eterna fue también retomado por Juan Pablo II en su Encíclica Laborem Exercens, en la que lo llamó «el Evangelio del trabajo». Se dice que incluso el Cardenal Roncalli – el futuro Juan XXIII – elegido como sucesor de san Pedro, motivado por su devoción al padre adoptivo de Jesús, habría pensado en llamarse José. Finalmente, también muchos otros santos, fueron grandes devotos de San José, como Santa Teresa de Ávila.
Fuente: Vatican New